miércoles, 25 de marzo de 2015

MI NIÑEZ CON LOS AVIONES


He crecido viendo aviones, aviones y aviones, no me acuerdo a que edad me di cuenta que ya estaba dentro de uno de esos pájaros de metal, chillando en los brazos de mi padre cuando al bendito piloto se le ocurría entrar en una nube y el avión se balanceaba violentamente, pero he de decir que hasta ahora que soy grandecito la idea de entrar en nubes me aterra pero a la vez mi fascinación por los aviones me hincha de deseo, deseo de sentir adrenalina, mariposas por todo mi estomago y sobre todo ver el mundo, el vasto mundo desde el mismísimo cielo.

Ah y claro, si te imaginabas aviones grandes y aerolíneas estas equivocado, Yo nací en un pequeño pueblito lejos de la civilización y cuyo único acceso era por vía aérea, pistas de tierra en medio de la nada, los pilotos se las ingeniaban y se las siguen ingeniando para poder aterrizar en pistas tan cortas de hasta 300 metros, aun así nunca hubo accidentes, en mis tiempos dada la precaria condición de mi país, los aviones volaban sin GPS, todo vuelo era rumbo IFE o como carajos le llamen, y no se como no se perdían por que siempre llegaban a su destino y el rumbo trazado en su mapa.

La llegada de un avión era todo un acontecimiento, cada vez que aterrizaba un avión toda la gente dejaba sus quehaceres domésticos y se acercaban a verlo como si fuera algo fuera de serie, el olor de la Nafta.. aaaahhhh... ese olor inconfundible del avión era la droga que todos querían aspirar al mismo tiempo que lo acariciaban como si fuera un ser viviente, un gran pájaro de metal que ruega caricias y mimos.
Claro que no todo el mundo se podía dar el lujo de volar en los aviones, incluso hoy en la actualidad algunos nunca han tenido la suerte de abordar un avión, y mas en mis tiempos cuando solo unos pocos eran los que se daban ese lujo como; profesores, enfermeros y algún ganadero prospero, y entre ese selecto grupo estaba mi familia, mi padre era profesor de la pequeña escuela y gracias a sus ingresos podíamos tener una vida decente. En la época de vacaciones salíamos a la ciudad en avión y regresábamos con víveres con el avión copado, lleno por todas sus entrañas, aun no se como carajos no se caían si íbamos tan pesados.

En la primaria fue donde mi amor y fascinación por los aviones creció y llegó a niveles tan locos que muchas veces jugaba con mi mano como si fuera un avión, mi tío me daba haciendo aviones de balsa con sus hélices hechas de hojas que al momento de correr daban vueltas, era todo un delirio..! Hasta que llegó el momento de trasladarnos a la ciudad y así por un tiempo terminaron mis viajes y mis juegos en el campo, sin embargo una vez llegue a la ciudad lo primero que escogí como juguete fue un avión.


Este era un gran avión que tenia hélice y que al encenderlo, sonaba como turbina y rodaba por toda la sala, aunque tuve otros aviones de juguete, ese era el mas querido y tenia su propio hangar, que yo le hice con un cartón de latas atún.
Mi fascinación por los aviones era tal que hasta en las clases de dibujo me la pasaba dibujando aviones en vez de atender al profesor, y claro me gane una que otras broncas con el profe, y cuando me preguntaban en clases que, que quería ser de grande? Yo siempre decía, quiero ser piloto, claro que en ese tiempo ni me imaginaba las cosas que tienes que pasar para llegar a eso..

Si claro, nunca llegué a ser piloto, factores como dinero, miopía y mis padres, nunca me dejaron volar un avión.. Pero bueno ese impedimento nunca me mató, aun sigo disfrutando de los aviones aunque últimamente me ha estado causando problemas de nerviosismo, me he reído a mi mismo al bajar del avión, diciéndome, "la turbulencia no te ha matado"

Esa es mi fascinación por los aviones, crecí viendo aviones y no me gustaría morir sin haber volado por ultima vez y sin haberme sentido un ave que lo ve todo desde arriba.




No hay comentarios:

Publicar un comentario